+54 11 4872 3106 Pedir diagnóstico
Método · ritmo mensual

Un método corto, repetido todos los meses

Cinco pasos, siempre en el mismo orden. Cada uno deja un documento. Si un paso no se puede explicar en una reunión, está mal diseñado.

Los cinco pasos, en detalle

Quién hace qué, y qué papel aparece al final de cada etapa.

01

Diagnóstico (2 semanas)

Del lado de Gundrevi, una persona del equipo arma el pedido de información y se sienta —presencial o por videollamada— con quien tiene acceso a ventas, compras y caja. No pedimos un sistema perfecto: pedimos exportaciones, facturas, un resumen de gastos fijos y un recorte de nómina sin datos personales. En la primera semana clasificamos lo que llega y marcamos huecos. En la segunda cerramos los cuatro números de cabecera: margen por línea o por familia, punto de equilibrio mensual, ciclo de cobranza y estructura de costos fijos.

Del lado de la empresa, el dueño o un socio tiene que estar en la reunión de arranque y en la de devolución. Quien administra junta archivos. No hace falta que interprete: hace falta que sepa dónde están. El documento que aparece al final es una carpeta de diagnóstico: hipótesis de fugas, tres palancas candidatas y una recomendación de modalidad (puntual, trimestral o mensual). La devolución dura unos 90 minutos y se graba solo si ustedes lo piden; el archivo escrito es la fuente, no la memoria de la llamada.

02

Tablero de números

Construimos una planilla maestra con no más de doce indicadores. La regla es dura: si no se puede completar en una mañana con las fuentes que ya existen, el indicador no entra. Preferimos un tablero incompleto y vivo a un tablero hermoso que nadie carga. Definimos, para cada cifra, de dónde sale (export, caja, conteo de stock), quién la carga y qué día del mes se considera cerrada.

Gundrevi arma la estructura y la primera carga de prueba. La empresa nombra un responsable interno —suele ser administración, a veces un socio— y prueba la carga con datos reales, no con un mes inventado. El documento que queda es la planilla más un instructivo de dos páginas. Si más adelante migran a un software de gestión, el tablero se puede replicar ahí; no es un cautiverio en nuestra herramienta, porque la herramienta es un archivo de ustedes.

03

Plan de 90 días

Elegimos tres a cinco palancas. Ejemplos reales: rehacer la lista de una familia, cortar el crédito a un tramo de clientes, frenar la reposición de SKU lentos, recortar un horario que no cubre el costo de abrirlo, fijar un piso de cotización. Cada palanca tiene un responsable interno, una fecha y una forma de verse en el tablero. Si no se puede ver, no es palanca: es un deseo.

El plan lo redactamos nosotros y lo firman —en el sentido de “esto es lo que vamos a intentar”, no en el sentido notarial— las personas que tienen que ejecutarlo. El documento es corto: una hoja por palanca, hitos a 30, 60 y 90 días, y una lista explícita de lo que no vamos a tocar en ese trimestre. Acotar es parte del método. Un plan de veinte frentes no se implementa en una pyme que ya está ocupada en vender.

04

Implementación acompañada

Acá se ensucia el archivo. Nos sentamos con quien carga, con quien vende y, cuando hace falta, con el contador para alinear cómo se registra un descuento o un anticipo. Ajustamos nombres de columnas al idioma del rubro. Documentamos excepciones: el cliente que se paga distinto, el producto que se pesa y no se cuenta, el local que cierra un día feriado y tuerce el comparativo.

Del lado de la empresa, esta etapa pide constancia más que genio: cargar, no “corregir a ojo” el tablero para que pinte lindo. Del lado de Gundrevi, contestamos trabas en plazos cortos para que la planilla no se abandone a la segunda semana. El entregable es el primer mes cerrado con el tablero funcionando y una lista de excepciones escrita. Sin ese mes, no pasamos a revisión continua: no habría de qué hablar.

05

Revisión mensual

Una vez al mes, el mismo slot, se abre el tablero. La conversación no es “cómo te sentís con el negocio”. Es: qué indicador se movió, por qué, y qué se hace en las próximas cuatro semanas. Si una palanca no se ejecutó, se dice. Si el contexto se llevó puesto el plan —una calle cortada, un insumo que saltó— se reescribe el siguiente mes, no se finge que el número original sigue vigente.

La reunión dura entre 45 y 75 minutos, en la oficina de Av. Córdoba o por videollamada. El documento es una minuta de una página y el tablero actualizado. Cuando el equipo interno ya llega a la reunión con el mes cerrado y con una hipótesis propia, nuestro rol se achica. Ese es el punto en el que el método está instalado, no el punto en el que “hay que seguir pagando para que exista”.

El tablero

Doce indicadores no es un número mágico: es el techo para que una pyme lo complete todos los meses.

El menú típico, que se recorta según el rubro, incluye: venta neta, ticket o renglón promedio, margen bruto por familia, costo de mercadería sobre venta, punto de equilibrio del mes, costos fijos, días de venta pendientes de cobro, pagos a proveedores de las próximas cuatro semanas, stock en meses de las familias lentas, merma o devoluciones, horas o turnos no cubiertos por el margen (en servicios y en gastronomía) y caja proyectada a 8 semanas.

¿Por qué doce y no veinte? Porque el vigésimo indicador casi nunca se carga, y cuando no se carga ensucia la conversación: “falta este número” se vuelve una excusa para no mirar los que sí están. Doce fuerza a elegir. Si el rubro pide uno específico —por ejemplo, ocupación de turnos en un centro de estética, o kilos de merma en un taller— entra en lugar de otro, no encima.

Cada indicador tiene una definición de una línea. “Venta” no es lo mismo que “facturado con IVA en términos generales” ni que “cobrado”. Escribimos la definición en el instructivo para que, si cambia quien administra, el tablero no cambie de sentido. El tablero no reemplaza el balance que arma el contador: convive con él, en un ritmo mensual y con foco en gestión.

Regla de oro

Si un número no se puede trazar hasta un archivo o hasta un conteo, no entra al tablero. Las estimaciones se marcan como estimaciones. Mezclar un dato duro con un “más o menos” es la forma más rápida de dejar de creerle al papel.

Calendario típico de un trimestre

Semanas 1–2

Pedido de información, reunión de arranque y diagnóstico. Cierre de los cuatro números de cabecera. Devolución. Decisión de modalidad. Si el diagnóstico es el único trabajo, acá termina el vínculo formal y el archivo queda en la empresa.

Semanas 3–4

Se arma el tablero y se hace la primera carga de prueba. Se redacta el plan de 90 días con tres a cinco palancas. Se nombra al responsable interno. Primera lista o primera regla de crédito, según lo que haya salido del diagnóstico.

Semanas 5–8

Implementación: el tablero se usa de verdad, no de ensayo. Reunión de control a mitad del trimestre. Ajustes de columnas, excepciones documentadas, y la palanca más urgente ya debería estar en la calle —lista nueva, corte de crédito, freno de reposición. Si a esta altura nadie carga, se para el acompañamiento y se habla: no tiene sentido seguir simulando un método que la empresa no está habitando.

Semanas 9–12

Segundo mes completo en el tablero, revisión de desvíos y cierre del trimestre. Se mira qué palanca movió el número y cuál no se ejecutó. Se decide si sigue una revisión mensual continua, si se abre otro frente (por ejemplo, un segundo local) o si el equipo interno continúa solo con el instructivo. El cierre deja una minuta y el archivo actualizado, no una presentación para el cajón.

Qué pedimos de tu lado

Acceso a los números, no a un relato pulido. Un responsable interno con tiempo real —unas horas al mes, no un cargo nuevo— para cargar el tablero. Presencia del dueño o de un socio en las reuniones de decisión: administración puede cargar, pero no puede firmar un cambio de precios o de crédito si no tiene mandato. Respuestas en plazos humanos: si un archivo tarda tres semanas, el calendario se corre, no se comprime con magia.

También pedimos que no se “arregle” el tablero para que pinte mejor. Si un mes fue flojo, el mes fue flojo. El valor del método está en mirar el desvío, no en esconderlo. Si hay más de un socio, pedimos que las reglas de retiro se pongan sobre la mesa: no las diseñamos nosotros como un estatuto, pero no se puede hablar de caja si cada uno retira sin registro.

Si en algún momento el negocio no puede sostener esas condiciones —temporada, enfermedad, un cambio brusco— lo decimos y pausamos. Preferimos una pausa honesta a un trimestre de planillas vacías.

Confidencialidad y datos

Trabajamos con información económica de la empresa: ventas, costos, cobranzas, estructura. No pedimos documentos de identidad de empleados ni claves de homebanking. Los archivos se usan para el trabajo contratado y no se reutilizan como caso nombrado: los escenarios de este sitio están anonimizados por rubro y tamaño.

Podemos firmar un acuerdo de confidencialidad si lo necesitan. No anunciamos certificaciones de seguridad ni sellos que no tenemos. El sitio está alojado en un proveedor externo de hosting; el formulario de contacto no guarda los mensajes en un archivo nuestro. El detalle de datos personales está en Privacidad.

Si hay un contador, un abogado o un implementador de software en la mesa, compartimos solo lo necesario para coordinar, con conocimiento de ustedes. Gundrevi no vende bases ni usa los números de un cliente para el marketing de otro.

El método cabe en una primera reunión

En 45 minutos te mostramos cómo se vería un diagnóstico en tu rubro y qué información haría falta. Presencial en Av. Córdoba 1345 o por videollamada.

Pedir un diagnóstico

Usamos cookies técnicas necesarias para que el sitio funcione y, si lo aceptás, recordamos tu preferencia en este navegador. No instalamos cookies de analítica ni de publicidad por defecto.

Más información